
Saber es considerar que ya se está instruido en un arte o facultad: sabe nadar, sabe inglés.
Es pues, una sentencia de complacencia: cuando lo considere, diré que sabes. En definitiva es el resultado de un juicio. Saber está indivisiblemente unido a un cuánto saber y, por ende, a un programa académico, todo estipulado y previsto, transformando el aprender casi en un adoctrinamiento. En la educación "del saber" se aprende a copiar, educando, en definitiva, hombres para el pasado.
Conocer es averiguar por el ejercicio de las facultades intelectuales la naturaleza de las cosas.
Me gusta más el conocer, asociado a una libertad tanto intelectual como espiritual, y puede llegar a lugares impensados en un caminar con fracasos y éxitos. En la educación "del conocer" al aprender en definitiva a caminar, desarrolla destrezas y educa hombres para el futuro.
Es la dialéctica entre el saber y el conocer. El saber otorga certidumbre y paraliza la búsqueda, en especial con la odiosa frase “ya lo sé”; se enquista en "la verdad".
El conocer es un avanzar continuo, acepta la incertidumbre, comprende la incapacidad del hombre y acepta el conocer futuro; se mueve en "el desvelar".
Ver la educación desde el conocer conduce a distintos derroteros, enseña sin instrucciones y permite a los jóvenes ser protagonistas de la historia: ser héroes.